lunes, 14 de agosto de 2017

La falsa moral pública



Colombia es un país eminentemente conservador y religioso, hasta la Constitución del 91, tenía como religión la católica, consagrado al sagrado corazón. Ese mismo fanatismo religioso, contribuyó con la violencia que se desató hacia los años 1940, fue la iglesia con su farsa moral, que instigo a los fieles a perseguir y matar, liberales y comunistas, olvidando la esencia de la religión, no mataras. Con el velo que se protegen han conseguido pasar inadvertidos, los múltiples abusos cometidos a niños, sin que asuman su responsabilidad en los hechos de violencia o de abusos no solo sexuales. Pese a esto, la iglesia de cualquier culto, se siente con el derecho de darle y exigirle a la sociedad normas de conducta, que ni ella misma aplica.

Los pastores cristianos han sido cuestionados y sancionados por abusos a sus feligresas, aprovechando su desconocimiento o sus inseguridades, son estos mismos, los que se han enriquecido con los diezmos que todos sus fieles deben pagar. Frente a la sociedad se supone que son personas de bien, que buscan la redención de los pecadores. Son estos mismo quienes se opusieron al SI en el plebiscito, sin argumento alguno, salvo la libertad de género, olvidando que en privado sus prácticas sexuales son otras, o sino como se explica el abuso a los niños.

En este mismo sentido se encuentran los políticos, quienes pregonan una moralidad hacia la sociedad y se sienten con el derecho  de legislar al interior de la sociedad y de imponer un comportamiento que debe ser en público y en privado, por ello, se oponen al matrimonio homosexual, la adopción de parejas del mismo género, se ha planteado hasta prohibir la prostitución, con el falso argumento de proteger a las mujeres de estas prácticas aberrantes para algunos. Pero, sin que se les provea a las mujeres, mejores condiciones para que desaparezca la prostitución como trabajo.

Son estos mismos políticos, los que exigen a la sociedad normas de comportamiento, mientras no dudan en corromper a sus subalternos o al ejercicio de prácticas clientelares a dar y recibir gabelas, para permanecer en sus puestos, casos como el del ex procurador Ordoñez, demuestran la poca moral y ética que lo acompaña. A esta clase de políticos inescrupulosos le siguen toda una lista de corruptos que no han dudado en hacer negocios con multinacionales de manera personal, pero con los dineros del Estado.

Son estos mismos los que no han dudado en defender los intereses de compañías extrajeras en un litigio, en detrimento de los bienes públicos, donde han recibido jugosas sumas, por torcer la ley, para beneficio propio y el de su defendido. Son estos mismos políticos los que les dicen a los colombianos que no hay plata para el deporte o que se debe subir el IVA, al 19%, que se debe recortar los servicios de salud, porque la atención médica no es un derecho sino un negocio que solo lo compra quien tenga como pagarlo.

Mientras un gran número de pobres se mueren esperando una atención médica, los empresarios de la salud, han invertido en bienes inmobiliarios, entre otros negocios que nada tiene que ver con la salud. La incapacidad del Estado en administrar la salud supuso un mejor servicio, y mejores condiciones, donde cada paciente fuera tratado con humanidad y respeto, está retórica, continua mientras los enfermos van muriendo por falta de atención.

Pese a esto, el Estado ha sido incapaz de darle una solución al problema de atención en salud, por el contrario se han ido destapando casos de corrupción que resultan aberrantes, sobre todo cuando de comercia con la vida de alguien. Este tipo de corrupción debería ser considerado delito de lesa humanidad, por el mal que genera a la comunidad. Pese a esto, las tímidas investigaciones de los entes de control, no muestran mayores resultados, por lo que los mismos empresarios, se reciclan y continúan con el negocio.

Uno de los mayores escándalos de los últimos tiempos ha sido el caso de recibir sobornos de la multinacional ODEBRECHT, donde no solo involucra a políticos de segundo nivel, sino a presidentes y candidatos, que aunque, el fiscal ha demostrado muy pocos resultados, por lo menos se ha conocido los alcances de ser presidente o candidato.

Mientras esto ocurre, los mismos corruptos inventan leyes para permanecer en el poder, mejorar sus salarios, quitar menos días laborales para ellos, toda una suerte de prácticas corruptas. Pese a esto, pregonan una falsa moral pública, pues, la moral y la ética no  se refieren solo a los temas sexuales, sino a la pulcritud como se asume un mandato que los ciudadanos le han confiado. Lo que parece un mal chiste, es que son estos mismos políticos que insisten en moldear el comportamiento público, mientras sus ejemplos no son los más idóneos. Si hiciéramos una lista no terminaríamos de enumerar políticos corruptos, que pregonan la moral pública para los demás.


Finalmente, la corrupción es un fenómeno delincuencial a gran escala, que aunque, no desaparecerá del todo, siempre habrá un pillo, que quiere hacer de las suyas,  si la justicia no lo castiga con severidad y los votantes sigan apoyando los corruptos, seguiremos en un espiral de pobreza, violencia, sumergidos en el subdesarrollo.