viernes, 9 de diciembre de 2011

Los desaparecidos de Bush

La guerra contra el terrorismo de George W. Bush sigue dando que hablar. Restos de militares norteamericanos fueron enviados a un basural en un condado de Virginia de forma secreta, sin autorización de sus familiares.


Por Guy Adams *
Desde Los Angeles
La fuerza aérea de Estados Unidos usó secretamente un basural para disponer de los restos incinerados de cientos de soldados muertos en acción durante la Guerra del Terror. Las cifras que se hicieron públicas ayer muestran que los restos parciales de 274 hombres y mujeres caídos fueron enviados al basural en el condado de King George, Virginia, entre 2004 y 2008. A sus familias, que habían dado permiso para que los restos se dispusieran de una forma “digna”, nunca se les dijo de esa práctica.
La escala del escándalo, en el Washington Post hace un mes, es mucho mayor de lo que se pensaba previamente. Además de los 976 fragmentos de cuerpos identificados, los informes del Pentágono muestran que otros 1762 restos del campo de batalla no identificados, demasiado dañados para ser sometidos a análisis de ADN, también terminaron en el basural.
Los funcionarios dicen que no tienen planes de contactar a las familias de los soldados para informarles del destino de sus seres queridos. Dice que establecer las identidades de los hombres y mujeres afectados sería demasiado caro y tomaría mucho tiempo.
Una carta del Pentágono a Rush Hold, una congresista demócrata que está investigando el asunto para una electora cuyo marido fue muerto en Irak, sostiene que determinar a quiénes pertenecen los restos que fueron al basural, “requeriría un esfuerzo masivo” y habría que examinar los records de unos 6300 soldados.
“¿Qué diablos?”, respondió Hold en el Post. “Gastamos millones, decenas de millones, para encontrar algún rastro de los soldados muertos y ellos están preocupados por el esfuerzo ‘masivo’ de volver y sacar los archivos y averiguar a cuántos soldados se les faltó el respeto en esta forma. Simplemente no quieren hacer preguntas o averiguar mucho.”
Hace un mes, los investigadores federales publicaron un informe muy crítico descubriendo “una grosera ineficiencia” de la morgue en la base aérea de Dover, el principal puerto de entrada para los cuerpos de soldados estadounidenses caídos en acción que vuelven a Estados Unidos.
El informe descubrió que las partes de los cuerpos fueron dejados en congeladoras durante meses y aun años. En un incidente, el desfigurado brazo de un marine muerto fue serruchado, sin el permiso de sus padres, para que entrara en el féretro.
Los denunciantes que trataron de atraer la atención a las prácticas deshonestas en la morgue fueron ignorados o amenazados con despidos. El “patrón de fracaso” identificado en el informe se extendía a partes de cuerpos de soldados cayéndose de las bolsas de plástico y mezclándose con los restos de otros. En una carta a una viuda de guerra descubierta por el Post, el director de la morgue, Trevor Dean, dijo que la práctica se había hecho común desde por lo menos 1996, cuando él comenzó ahí.
Que el escándalo no llegara al conocimiento del público más pronto es quizás un subproducto de los esfuerzos de los sucesivos presidentes para mantener a la base aérea alejada del escrutinio del público. Durante la primera guerra del Golfo, George H. W. Bush prohibió la cobertura de las noticias sobre el regreso de las tropas caídas allá. La prohibición fue continuada por su hijo durante la segunda guerra del Golfo y finalmente levantada por la administración Obama en 2009. El gobierno de Bush ha sido acusado de groseras violaciones a los derechos humanos en las guerras de Irak y Afganistán, amén de persecuciones a la comunidad islámica de EE.UU.
* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.
Traducción: Celita Doyhambéhère.