martes, 23 de noviembre de 2021

A cinco años de la celebración ¿de qué?

 


El 24 de noviembre según cuentan, se va a celebrar la firma del Acuerdo de paz, que tuvo como fin la terminación del conflicto armado, entre Juan Manuel Santos y Timochenko, lo que algunos han llamado el pacto Santos-Timochenko, aunque, del Acuerdo que se proponían firmar, ya había sido desmantelado por los que votaron el NO, este fue el otro pacto de Santos-Uribe. Lo que significó la estocada final, no solo a la guerrilla de las FARC, sino a la etapa revolucionaria de muchos, que soñaron con cambiar la realidad que les tocó vivir.

Como entender que la guerrilla experta en temas de negociación, iba a caer en el cuento que Santos les pintó siendo uno de los representantes de la élite, que soñaron siempre con la derrota, sin siquiera tratar de ajustar un programa de gobierno a las necesidades de los campesinos y los pobres que son la mayoría.

Santos tenía claro con quien quería negociar y con quien no, en la primera fase exploratoria según los mismos protagonistas han contado; Timochenko tuvo encuentros exploratorios con Hugo Chávez, donde discutieron una noche entera sobre temas de paz, no sabemos que otros temas, con el beneplácito de Santos, Chávez debió en el encuentro que tuvieron en Bogotá y Cartagena, informarle a Santos, sobre lo sucedido en ese encuentro con Timochenko, de lo que hablaron. Santos tomó la decisión que su interlocutor válido era Timochenko y no Alfonso Cano, sabía que el intelectual de las FARC no se iba a dejar convencer por cantos de sirena, conocedor del país como ningún otros, no iba a dar su brazo a torcer como si lo hizo Timochenko- Márquez, los dos que le rehuyeron a la confrontación, no le pusieron el pecho al Plan Colombia, como lo hizo Cano y otros.

Fue tal el desespero de algunos por firma la “paz” que según cuentan a los dos días del asalto y asesinato de Alfonso Cano, Catatumbo seguro ebrio, pero no de tristeza por la muerte de su jefe, mando su emisario para que le llevara el mensaje a Santos, que ellos seguían con la negociación, con el cuerpo del comandante todavía caliente, es más le llegó primero la razón a Santos, que el cuerpo de Alfonso Cano a Bogotá, el trofeo que la derecha le mostró al mundo. Santos confeso que lloró de la risa, al calor de Cartagena y con un whisky para brindar.

Según las crónicas de uno de los más cercanos de Timochenko, este se encontraba en La Habana, desde que se iniciaron los encuentros, lo que quiere decir, que le huyo a la confrontación, no cumplió con su liderazgo, por el contrario, abandonó a sus hombres, a su suerte, ya hoy no es extraño, en la guerrilla la cobardía y la desmoralización eran sancionadas, ya no había quien lo sancionara, por eso, tomó vacaciones definitivas, hasta hoy sigue vacacionando y viajando, un lobista de la no paz.

Lo que hace pensar que Timochenko hacía rato que el fusil le estorbaba, ya no era capaz de cargarlo, no sabemos porque, su afán fue entregar los fieros y hacer lo que seguro hace rato pensaba, vivir la vida que quería, la que no podía disfrutar estando en la clandestinidad, por ello, no importó lo del plebiscito, desmantelar la columna vertebral del Acuerdo y que la JEP, quedara convertida en un adefesio. La que finalmente terminará quitándoles hasta el último vestigio de revolucionarios e insurgentes, convertidos en unos matones de vereda.

Hoy se aprestan a celebrar los cinco años del Acuerdo de paz, con bombos y platillo anunciaron la presencia del secretario de la ONU, António Guterres, aliado incondicional del gobierno, al que seguro le mostraran las bondades de haber firmado la paz, pues hasta el día de hoy van casi 300 ex combatientes asesinados juntos con sus familiares. Los proyectos productos desfinanciados. Desde luego que ese ya no es tema del antiguo secretariado, sus verdaderos problemas hoy, son ubicarse mejor, a ver si la élite les da una palomita y adueñarse como lo hicieron de las 10 curules que vale decir, no se habían ganado en la confrontación militar.

En la guerrilla muchos de los mandos ascendían de acuerdo a sus capacidades en la Conferencia la máxima instancia, hoy no han desmontado su discurso, se siguen llamando mandos al interior del partido, ¿no sabemos mandos de qué? Lo que, si es cierto, es que este grupo de “mandos” abandonaron a su gente, los guerrilleros de base, a su suerte, muchos de estas personas hombres y mujeres, llegaron buscando un alivio a su pobreza, miseria y violencia, creyeron construir un mundo mejor, la guerra los recogió y les dio cobijo, hoy la paz los abandona, en las mismas condiciones que los recogió.  

No se puede estar celebrando un Acuerdo de paz, que se firmó a espaldas de los insurgentes, modulado por la Corte y el Congreso, sin que la insurgencia tuviera participación, la paz con casi 300 muertos no es paz, sino exterminio, así los pro paz, digan que morían más en la confrontación o Iván Cepeda, diga que lo que hizo la CPI, (cerrar investigación  preliminar a Colombia por graves violaciones a los derechos humanos) fue darle un apoyó a la JEP, mientras las víctimas se quedaron esperando justicia. La paz no puede ser cualquiera, ni acosta de la vida de nadie, en lenguaje técnico se puede llamar rendición, los ex FARC todos recitan como loros estamos cumpliéndole a la paz, pero ese era todo su proyecto, para hacer eso no debieron empuñar un arma.

Por eso hoy me pregunto se está celebrando los 5 años de la firma del Acuerdo de paz, pero cual, la que se disfruta en los cementerios, la que obliga a los ex guerrilleros a desplazarse por amenazas en contra de su vida, o la que celebran el antiguo secretariado en Bogotá, con sueldo de congresistas, escoltas y su nueva vida. No hay duda, porque Santos quiso negociar con Timochenko y no con Cano, el tiempo demostró, como la falta del líder, desnudo a muchos que solo parasitaron en la guerrilla, sin formación ideológica, con interés personalista, hoy algunos son los nuevos ricos que esperan poderse camuflar al interior de la derecha, mientras que otros seguirán siendo los siempre pobres.